Lo permitido y lo sensato

30 de abril de 2020 y día 50 de cuarentena para mí. Llevaba exactamente un mes sin escribir y es que el confinamiento me ha llevado a un tedio tan inesperado como frustrante. Y todo pese a mis ganas de crecer y aprovechar el tiempo; pese a los libros leídos y a las ficciones audiovisuales consumidas.

Desde mi último post las noticias no han dejado de sucederse; habiendo cambiado incluso el comportamiento de la famosa curva: parece que comienza a estabilizarse en lo más alto, estando cada vez más cerca del número mágico. Y asimismo ya se ha aprobado un plan de desescalada en cuatro fases que entrará en vigor el 4 de mayo. Si todo transcurre como hasta ahora, dice el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en ocho semanas ya estaremos abrazando la ‘nueva normalidad’.

Estas son las últimas y cada vez más escalofriantes cifras: 229.103 fallecimientos y 3.162.894 contagios en todo el mundo. 12.418 y 130.75 en España, respectivamente. 4.941 defunciones y 37.584 infectados en mi preciosa Madrid. Una ciudad que progresivamente va recobrando su vida gracias a la primera medida de alivio del desconfinamiento: la salida de los niños tras 43 días de reclusión.

Desde el pasado 27 de abril los menores de 14 años pueden volver a pisar las aceras y los parques, siempre bajo una estricta normativa. Les confienso que me entristece cómo está saliendo el experimento a causa de imágenes como estas. Y tambien porque llegué a escuchar en la radio a una niña que decía que no quería salir, que le convencieron sus padres. En definitiva, una clara muestra de cómo los progenitores se están aprovechando de la situación en beneficio propio.

En cuanto al resto de los adultos o ‘las personas mayores’, tal y como nos hubiese llamado ‘El principito’, tendremos que esperar hasta el dos de mayo. Entonces podremos salir solos o acompañados de nuestros ‘convivientes’ para dar paseos o hacer ejercicio. Y no puedo evitar preguntarme qué ocurrirá llegado el momento…

Y es que tengo la impresión de que la gente está ansiosa por salir. Y la ansiedad nunca es buena compañera: nos nubla el juicio y destierra la templaza. Una más que necesaria cualidad requerida para acatar las estrictas medidas de higiene y distanciamiento social.

Parece que aún no hemos entendido que estamos confinados por nuestra seguridad y no porque tengamos un gobierno dictatorial y represor que quiera acabar con nuestras libertades, mandando al garete la economía por el camino. La cruda realidad es que estamos recluidos en nuestros hogares porque es lo mejor para todos.

De modo que sí, la mayoría de los menores ya pueden salir y muy pronto los demás también podremos. Lo cierto es que el Gobierno está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene. ¿Pero hasta qué punto es sensato y no se están tomando decisiones por presión social, por presión de la oposición, o sencillamente por motivos económicos?

Y en cuanto a los ciudadanos respecta, me pregunto si vamos a dejar que nuestro deseo de retomar nuestras vidas nos lleve a conductas imprudentes que desemboquen en una nueva y estricta cuarentena. ¿Vamos a hacer lo permitido solo porque lo está?

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