A golpe de purpurina

30 de marzo de 2020 y día 19 de cuarentena para mí. El confinamiento empieza a trastocar mis hábitos de sueño. El cambio de hora tampoco ayuda.

Si bien me siento profundamente agradecida por estar viviendo esta cuarentena rodeada de mi familia y también por disponer de todas las comodidades propias del primer mundo —como agua corriente, calefacción, tecnología o internet—, empiezo a sentir una ansiedad cada vez más fuerte. Y es que experimentar cómo el mundo se va al garete progresivamente no es fácil, aunque sea en calidad de mera espectadora. Y por supuesto, siempre con la duda y el miedo de si ese rol cambiará en algún momento por el de afectada directa o, en el peor de los casos, indirecta. Ver cómo sufren nuestros seres queridos nunca es plato de gusto.

Estas son las últimas cifras: 33.974 decesos y 724.218 infectados en el mundo. 7.340 y 85.195 en España, respectivamente. El número mágico de esta emergencia sanitaria cada vez está más cerca (dicen que alcanzaremos el pico sobre el 4 de abril), pero no tanto cómo se preveía hace una semana.

Lo del apocalipsis zombie, por otra parte, deja cada vez más de sonar a broma: en Italia ya se han detectado los primeros saqueos. Se temen fuertes protestas sociales al grito de “la gente tiene hambre” y los supermercados comienzan a dotarse de vigilancia especial.

Y en cuanto a España se refiere, el Gobierno ha cerrado toda la actividad económica no esencial para frenar contagios. La gente, por su parte, cada vez está más desquiciada por la crisis del coronavirus pese haber adquirido el ‘Resistiré’ del Dúo Dinámico como mantra. Incluso los sanitarios, quienes empiezan a protestar por el cansancio y lo extremo de las circunstancias: “No somos héroes, somos precarios”, aseguran, invitándonos a la reflexión. Yo siento discrepar: para mí son héroes, pero también precarios.

Y es que tienen razón, es rastrero aprovecharse de la tesitura para institucionalizar una precariedad asistencial y profesional. Pero es ahora cuando los profesionales de la salud, la seguridad y la información, estamos a prueba, cuando de verdad nos batimos el cobre. Porque esta crisis nos obliga a comprobar si elegimos la profesión correcta hace ya muchos años, cuando echamos la solicitud de matrícula en la facultad de turno. Nos fuerza a descubrir si nos importa más nuestra vocación, recalco el de servicio público, que nuestro pellejo.

Y aún en este contexto, nuestros sanitarios siguen cumpliendo. Por eso pienso que son héroes precarios. Porque, efectiva y desgraciadamente, se merecen mejores condiciones de las que tienen. Por eso esta crisis nos recuerda que tenemos que cumplir más que nunca, y también nos obliga a pedir lo que nos corresponde y luchar contra las injusticias.

Y hasta ahí puedo leer. O, mejor dicho, debo. Porque confieso que mi cerebro nunca para y que, como no podía ser de otro modo, sigo profundamente inquieta y no puedo dejar de preguntarme qué pasará después de este brote. Qué pasará cuando todo se solucione y por fin se levante la cuarentena… Porque obviamente no va a llegar un hada madrina vestida de azul para agitar su varita, deshacerlo todo y devolvernos la más rigurosa normalidad a golpe de purpurina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s