Hola, soy Irene

La declaración de intenciones que merece todo blog que se precie.

Hola.

Soy periodista y firmo como Irene Díaz desde que en 2011 entrase en Gente en Madrid, el primer periódico para el que trabajé, de tirada nacional y regional. Ahora formo parte del equipo de redacción de una revista especializada, concretamente en posventa de automoción, llamada AUTOPOS.

Por otra parte, tengo 29 años, casi 30 -ya hablaremos de eso más adelante-, y eso quiere decir que soy ‘millennial’ y, dicho sea de paso, que me encanta serlo. Y eso que la etiqueta ‘millennial’ no suele tener muchos defensores, ya que solemos estar muy mal vistos por el resto de generaciones… Que si somos vagos y narcisistas, dicen por ahí. Que si no nos interesa tener un coche en posesión pero sí el último modelo de smartphone y eso nos hace ser muy raros. Que seamos la generación más formada hasta el momento parece que no importa. Que seamos la generación con más conciencia ecológica y sanitaria hasta la fecha, tampoco.

Bueno, sigo presentándome. Tengo una licenciatura, un máster y un posgrado. También un ciclo de grado superior pero, contra todo pronóstico, detesto la titulitis. Sinceramente creo que la práctica hace al maestro.

Por otra parte, me encantan las fresas… ¿no se nota en absoluto, verdad? Y también ‘Los fresones rebeldes’, una banda indie-punk que surgió en 1995, cuando yo solo tenía cinco años y ningún criterio para entender el contexto musical de la época. También me apasionan el rock y la música acústica. Y los súperhéroes, los cómics, la ficción audiovisual, la fotografía y las croquetas. Y el amor. De hecho les confieso que soy una ñoña emperdernida que disfruta como pocas personas las comedias románticas, especialmente si Jennifer Aniston está en el ajo.

Y también la vida, que es preciosa en muchas ocasiones y muy puta en otras, y por eso merece su propio párrafo aparte. En cuanto a la palabrota, que sepan que no suelo decir tacos, pero la ocasión lo merecía dado el contexto de la situación: la crisis del coronavirus. Una inesperada y entristecedora tesitura que me ha impulsado a retomar ‘Aquí las normas las pongo yo’, un blog que empecé a los dieciseis y que acabé por convertir en un magazine cultural con el paso de los años y la ayuda de un tal Andrew Amante.

En cuanto a este proyecto no hay mucho que más contar: surgió hace muchos años, en una aburrida tarde de verano, cuando buscaba una plataforma para dar voz a mis pensamientos de universitaria idealista. Cuando buscaba un lugar para sentirme libre y hablar de mis inquietudes, fuesen del tipo que fuesen: románticas, sociales, políticas o medioambientales. Por aquel entonces utilizaba pseudónimo.

Lo último que les contaré serán los motivos. El por qué decido rescatar aquel proyecto y hacerlo con nombre y apellido. La respuesta es sencilla: porque estoy harta de leer reivindicaciones facilongas en las redes sociales de todo el mundo, y también porque extraño tener mi espacio y poner las normas. Y nada más que decir. En resumen, que a partir de ahora y aquí, las normas las pongo yo.

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